La huelga de Roca
En Gavà y Viladecans, la fábrica Roca no era solo empleo: marcaba el ritmo de las casas, de las plazas y de las conversaciones. Entre 1976 y 1977, una generación de familias sostuvo una huelga histórica que dejó cicatrices… y también una lección de dignidad que aún late bajo nuestras calles.
Nunca nace de ese latido. La novela no “cuenta” la huelga: escucha sus ecos en el presente —los silencios heredados, la rabia transmitida, la memoria que a veces salva y a veces hiere—. Los personajes caminan por los mismos lugares y cargan con preguntas de entonces que vuelven hoy con otra cara. Si la huelga fue comunidad y resistencia, Nunca explora lo que ocurre cuando esa memoria se quiebra… y lo que estamos dispuestos a hacer para protegerla.

Un conflicto que nace de un modelo agotado. Roca vertebraba la vida económica y social de Gavà y Viladecans con un ecosistema paternalista (Can Sellarès, economato, Escuela de Aprendices, parroquia de la Mare de Déu de Sales y el Poblado Roca). El alza del coste de la vida a inicios de los 70 y el paso a una dirección más “tecnocrática” tensaron las relaciones laborales.
Primer ciclo (febrero–abril de 1976). Las asambleas obreras impulsan paros y concentraciones; el 2 de marzo 120 huelguistas se encierran en la iglesia de la Mare de Déu de Sales. El 23 de marzo hay duras cargas en la Rambla de Gavà; el 10 de abril se vuelve al trabajo sin resolver el fondo del conflicto.
El impacto de Vitoria (3 de marzo de 1976). La masacre policial en la iglesia de San Francisco de Asís (5 muertos y más de 150 heridos) marca el ánimo de los trabajadores de Roca y eleva el clima de miedo y represión.
Autoorganización y papel de las mujeres. Las decisiones se tomaban en asambleas (a mano alzada), con una red de solidaridad en el barrio y un activismo femenino propio que reclamó voz y espacio en la lucha.


Detonante del gran conflicto (noviembre de 1976). El 8 de noviembre se comunica el primer despido; el 9 de noviembre la asamblea declara huelga indefinida y ocupa la fábrica. La Guardia Civil desaloja con violencia y se desata una fuerte represión en Gavà.
Amenazas de la extrema derecha. La Triple A y Guerrilleros de Cristo Rey actúan con impunidad: explosivos en domicilios de delegados, amenazas y amedrentamiento del movimiento obrero.
Enero de 1977: Cornellà, punto álgido. La manifestación de apoyo a Roca termina con cargas de los “grises”, pelotas de goma y decenas de contusionados; la represión deja huella física y moral.
La vía judicial como palanca. Con el apoyo de abogados laboralistas, el 1 de febrero de 1977 Magistratura declara improcedentes los 35 despidos y ordena la readmisión: un giro clave hacia el final de la huelga.
Duración e impacto social. Fueron 95–96 días de lucha que afectaron a más de cinco mil familias, con un enorme desgaste económico y emocional para ambos municipios.
Desenlace y legado. A comienzos de febrero se encamina el retorno al trabajo; en los meses siguientes, Gavà y Viladecans recuperan la rutina, pero el legado permanece: un ejemplo de autoorganización, solidaridad de barrio y memoria colectiva en la transición democrática.
